Generación Y (los jóvenes de hoy)

Hace poco empecé a encontrarme con distintos textos que hablaban acerca de esta nueva denominación con la que se clasificaba a los jóvenes de la actualidad. Fue en el momento justo porque hace un tiempo vengo preguntándome si la perdida de ideologías a partir de mi generación era algo propio del ser adolescentes en este contexto actual o no había ningún movimiento lo suficientemente interesante para sentirse identificado y apoyar. Antes cuando nuestros padres eran adolescentes sabían a que ismo pertenecían, se decía que tenían ideales y vivían en base a ellos; hasta tal punto estaban comprometidos al movimiento al que pertenecían que defendían fervientemente sus ideas frente a quién tuvieran que hacerlo, a veces sin importar las consecuencias.

Hoy todo pasa rápido y todavía no termino de darme cuenta si es por la velocidad del mundo o por intención de quienes lo habitamos.

En esa vertiginosa manera de transitar los días también entran los adolescentes de cuya etapa hasta hace poco se decía que era una transición del ser niños a ser adultos, pero que hoy si queremos realmente hacer una análisis de nuestra sociedad tenemos que tomar en cuenta como una etapa muy influyente.

¿En qué andan los adolescentes de hoy? ¿Qué sienten? ¿Qué les pasa? Probablemente mis respuestas estén influidas por mi cercanía a la adolescencia ya que hoy en día se habla de adolescencia tardía y entonces de alguna manera recién estoy saliendo de ella; Desde ahí puedo decir tratando de contestar algo de estas preguntas que los adolescentes que crecieron en estas últimas décadas se acostumbraron de alguna manera a vivir solos, aprendieron a vivir con el televisor y la computadora como integrantes de la familia, interactuando con ellos a veces aún mas que con otros miembros del clan familiar, trayendo esto como consecuencia muchas dificultades para vincularse en todas sus relaciones humanas ya que aprenden a comunicarse más por vía cibernética que a través del dialogo presencial en el que uno recibe gestos, usa el cuerpo y enriquece lo que dice con todo un arsenal comunicativo que se pierde cuando se hace con monitores como filtro.

Cuando tengo la posibilidad de acompañar en un proceso terapéutico a algunos adolescentes de 13 a 20 años o cuando simplemente tengo la oportunidad de dialogar con ellos puedo ver, cuando después de un tiempo empezamos a quebrar esa capa superficial de la que los acusan sin preguntarse para que les sirve, el vacío que sienten en sus vidas y cuán necesario es para ellos ser escuchados y respetados en sus maneras de ver el mundo; me encuentro con personitas que por estar más cercanas a la niñez pueden ser mucho más creativas que los adultos, que para resolver una cuestión nos ahogamos en un vaso de agua. Cuando se les da la posibilidad de manifestar lo que sienten es como una olla que se destapa y fluyen sentimientos auténticos que muestran cuanto quieren formar parte de este mundo y cuán difícil les resulta entenderlo y que los entiendan.

Estoy convencido por mi experiencia personal y por el compartir que la mejor ayuda que puede recibir un joven en estos tiempos es el acompañamiento, la enseñanza del diálogo aunque al principio se niegue a el (y como no hacerlo si no se les enseñó).

Basta de acusar a la juventud de hueca si no hay contenidos que resulten atractivos, o si en cada cosa importante que sucede no nos detenemos lo suficiente, basta de acusar a los medios masivos de comunicación, a la tecnología o a Internet si nosotros como adultos no generamos un espacio donde podamos comunicar no solo lecciones de vida sino también nuestros errores, dolores y sentimientos.

Mauricio J. Strugo
(Octubre 2007 boletin n°8)

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