PARA VIVIR GESTALTICAMENTE

  • Vive ahora. Preocúpate del presente antes que del pasado o del futuro.
  • Vive aquí. Ocúpate de lo que está presente antes de lo que está ausente.
  • Deja de imaginar cosas. Experimenta lo real
  • Deja de pensar en cosas innecesarias. En lugar de ello, gusta y mira.
  • Expresa en vez de manipular, explicar, justificar o juzgar. ¨ Entrégate a la desazón y al dolor de la misma manera en que te entregas al placer. No limites tuc conciencia.
  • No aceptes otros deberes ni deberías más que los que tu te impongas. No adores a ídolo alguno.
  • Asume plena responsabilidad por tus acciones, sentimientos y pensamientos.
  • Acepta ser como eres.




Aprendiendo a volar (vivir)


Avanzo lentamente, tres pasos y pego un salto, lo hago despacio porque me quedo pensando en el golpe que me voy a dar por hacer esta estupidez, caigo cerca del lugar desde donde empecé sin sufrir más que un pequeño golpe.
Me decido a intentarlo de nuevo, esta vez pienso menos, estoy casi decidido a hacerlo pero alguien me detiene, me aconseja que es una imprudencia, que es mejor quedarse con lo que uno es y no explorar nuevos horizontes, entonces me digo que quizás esté en lo cierto y bajo mi cabeza rendido.
Pero luego pienso que esa persona que me aconsejó, no soy yo, quizás él ni siquiera sepa porque quiero saltar, aunque el otro lado me da un poco de miedo por ser desconocido, sé que quiero intentarlo.
No me animó, es difícil intentarlo, implicará un cambio muy grande en mi vida; y que pasa si luego de saltar me arrepiento y quiero volver atrás ¿Puedo hacerlo? Depende de cuán grande sea el salto que des, quizás te convenga saltar unos metros, y si sientes que todavía no estas lo suficientemente preparado podrás volver atrás, pero habiendo experimentado, que se siente estar un poquito mas adelante, en un lugar distinto al que estabas. En realidad puedes avanzar mucho y luego retroceder pues, aunque siempre te digan que tienes que ir para adelante, arrepentirse no es signo de derrota, nadie té quita la experiencia que obtuviste de cada uno de los saltos que realizaste, y si no es lo que esperabas, seguramente algún aprendizaje extraerás de aquella experiencia.
Observa a los pájaros, fíjate como vuelan, como se trasladan de un lugar a otro, a veces los admiro, pienso que sería lindo tener la facilidad que tienen ellos para ir donde se les antoja. Que bueno sería poder trasladarnos a otros lugares, a otras maneras de ver las cosas o de relacionarnos con los demás, sin sentir que por ello dejamos una parte nuestra.
Después de todo el tiempo que me llevó decirme esto, cuando finalmente estoy decidido a saltar, tomo carrera y cuando quiero iniciar el despegue me doy cuenta que mi cuerpo ya no puede hacerlo, me siento viejo y sin fuerzas, así que tomo un taxi hacia el aeropuerto y subo a una avión; me encuentro volando muy alto, miro las nubes por las ventanillas y sonrió pensando que finalmente me atreví a dar este salto aunque con ayuda de la tecnología.

Mauricio J. Strugo (boletin 7 septiembre 2007)

¿Porque no vas al psicologo? ¡Porque no estoy loco!


Cuantas veces escuchamos esta respuesta cuando aconsejamos a alguien esta opción. Ahora que se repita constantemente en el discurso social no quiere decir que sea una verdad.
Es necesario darnos cuenta que nos encontramos, con este tipo de respuestas, rondando el campo de los prejuicios, que son ideas internalizadas de discursos ajenos, que sin ser sometidas al pensamiento, uno adopta como propias. Basta que cada uno de nosotros piense un poco para darse cuenta que todos tenemos algunos prejuicios.
En este artículo es mi objetivo, primero dar cuenta que nos encontramos, como ya lo empecé a decir, ante una respuesta prejuiciosa; y seguidamente me gustaría someter a este prejuicio al pensamiento, para que luego, cada uno pueda obtener sus propias conclusiones.
La Psicología entre otras cosas se ocupa del sufrimiento psíquico. La ansiedad, el miedo, la angustia, el pánico, el duelo, la culpa y otros fenómenos psíquicos, juegan una mala pasada a todas las personas; uno puede sentir miedo y no por eso ser un loco, pero la cuestión de la locura es compleja, en realidad lo que quiero decir con esto es que la psicología al ocuparse por ejemplo del sufrimiento psíquico trabaja con algo que es propio de la humanidad y no patrimonio exclusivo de una enfermedad mental, aunque en estas, estos fenómenos tienen una significación especial.
Quién diga que en su vida nunca sintió nada de este orden, nos esta ocultando algo que compartimos todos, aunque no de la misma forma. ¿Es que como no querer no hablar del sufrimiento? Si en esta sociedad del “llame ya” y también del “soluciónelo ya” nos acostumbran, desde siempre, a seguir para adelante, a no caer, porque el que tropieza, es débil, el que deja de producir ya no sirve.
Pero el dolor psíquico, no es como un dolor de estomago, que cede y ya; este sufrimiento requiere de un tiempo diferente al que nos propone la rutina diaria. Además de nada nos sirve ocultar lo que nos pasa defendiéndonos bajo la formula de “eso es para locos”.
La psicología ofrece la posibilidad de un espacio en el cual esta permitido sufrir, pero que debemos aprovechar para entender lo que nos pasa y así poder elaborarlo, que no quiere decir para nada, olvidarse del problema, sino correr aquella piedra que no nos deja continuar el camino, en vez de saltarla.
Ahora bien, así como me parece que cuando un problema nos excede es necesario asesorarnos con un profesional, sostengo la idea de que la psicología o el psicólogo, no debe ser una muleta sobre la cual tengamos que apoyarnos por el resto de nuestras vidas; siempre habrá sufrimientos, algunos más soportables que otros, y para cada persona será difícil establecer cual será el sufrimiento más tolerable y él menos, pero habrá situaciones dolorosas que podremos tramitar con ayuda de la familia, de nuestros amigos o de nuestra pareja y otros que nos excedan y en las que sea necesario consultar un profesional.
Entonces, cuando tomamos la decisión de consultar a un psicólogo, no debemos sentirnos diferentes, el reconocer que algo nos pasa y demandar ayuda, muy por el contrario de lo que nos hacen creer, es signo de una futura madurez.
Mauricio J. Strugo (Septiembre 2007 boletin 7)

Comiendose la vida

Me detengo un momento a observar ese color que nunca antes me había percatado que tenía este producto, lo huelo y dejo primero que me atraiga por sus fragancias y sus colores, luego empiezo a tocarlo y también siento la textura; y entonces sí, empiezo a masticar y con cada mordida siento el sabor, el gusto que tiene esa porción, trituro cada bocado sabiendo que eso que estoy comiendo pasará a formar parte de mi ser.
¿Cuantas veces en nuestras comidas hemos dedicado aunque sea cinco minutos a registrar lo que estamos por ingerir y nos dimos la posibilidad de ser conscientes que lo que comemos se constituirá en un combustible para nuestro vivir diario? ¿Cuanta comida hemos tragado por el sólo hecho de cumplir con el almuerzo y cena sin sentir siquiera gusto?
Sugiero a todos hacer el experimento de comer más despacio, de disfrutar de cada bocado que se ingiere; verán que la comida de esta manera no engorda de la misma manera que cuando tragamos en automático cómo si fuésemos ese personaje de un juego clásico llamado pacman.
Ahora bien, entrando un poco más en el terreno de lo psicológico, podría decir (y seguramente todos coincidirán) que no sólo de comida nos llenamos; muchas veces junto con la comida o por separado tragamos un montón de cosas.
Para vivir en sociedad, nos enseñaron que no hay que expresar todo lo que pensamos y mucho menos aún lo que sentimos, para conducirse correctamente hay que saber comportarse cumpliendo con todos los mandatos que nos cuelgan: "los hombres no lloran", "tenes que ser fuerte", "hay que formar una familia, tener un buen auto y tener el futuro organizado", " a los 18 tenes que empezar una carrera universitaria", "las mujeres tienen que atender a los hombres", "si te acostas con muchas chicas sos un macho", "demostrar afecto a un amigo es signo de poca hombría", "las mujeres no pueden opinar sobre fútbol", "el hombre tiene la obligación de trabajar, la mujer puede optar", "disfrutar de un momento sin hacer nada es perder el tiempo", "hay que ser productivo", "hay que seguir adelante, la vida continua"; y podría seguir y seguir pensando muchos otros mandatos que alguna vez un maestro, nuestros padres, algún familiar, un par o algún medio de comunicación hizo que incorporemos sin que pase por una selección conciente de nuestro ser; a estos mandatos que pasan a formar parte de nosotros se los conoce como introyectos, y no es que sean una mala palabra sino que tienen que ver con la constitución de una estructura que nos permite vivir o decidir. El tema es lo que sucede cuando incorporamos un introyecto sin realmente pensar si queremos hacerlo; es como tragar un pedazo de carne sin masticarlo y trituralo bien primero (recuerden, si alguna vez les ocurrió algo de esto) nos atoramos, nos sentimos mal, "nos cae pesado", al igual que cuando hacemos y vivimos según mandatos que hemos incorporados sin hacer el ejercicio de masticar y digerir cada cosa para ver si elegimos incorporarla a nuestro modelo; esto sería darnos la oportunidad de pensar que cosa hacemos desde el orden de los "debería" para decidir si de verdad lo deseamos; por ejemplo: "debo ser un buen hijo" es algo que quizás tenemos incorporado porque socialmente nos enseñaron que hay que respetar a los padres y agradecerles por nuestra existencia, pero si lo hacemos desde la obligación aparece la duda y la culpa y hasta muchas veces el hacer para no ir en contra de lo establecido, pero entonces nos olvidamos de la elección y del placer de decir: "yo quiero ser un buen hijo", elijo hacerlo porque me siento bien y no para cumplir con las expectativas de nadie más que las mías.
En cuanto a los sentimientos, podemos darnos cuenta que nuestro sistema digestivo, en especial el estómago, constituye un gran indicador de cómo estamos o qué nos pasa: cuando tenemos miedo, bronca, angustia o estamos nerviosos, nos duele, decimos que se nos cierra la panza, o con la ansiedad contrariamente comemos sin importar que.
Muchos síntomas y enfermedades que involucran al sistema digestivo pueden ser perfectamente asociables al estado de ánimo que tenemos en ese momento: úlceras, descomposturas, vómitos, colon irritable, diarreas crónicas, hemorroides, son algunas de las que se me ocurren. Muchas veces pueden ser aprovechados para ver qué no estamos pudiendo expresar, qué nos preocupa en exceso, qué está pasando en nuestro entorno y revisar un poco nuestros vínculos con los demás.
A lo mejor contrario a lo que se cree todo el tiempo acerca de que son los adultos los que educan, tengamos que dedicarnos a aprender de los niños ya que ellos no necesitan tantas complicaciones para expresar lo que necesitan y lo que sienten. Si nos permitimos aunque sea un momento conectarnos con aquella época y empezar a elegir como lo hacen ellos podríamos ser conscientes de cuantas cosas tóxicas incorporamos a nuestro ser en vez de nutrirnos con lo que elegimos; y a partir de allí cada vez que comamos algo sentir que nos ALIMENTAMOS para vivir un día más razonando, sintiendo y existiendo, y no vivir para comer sino comer para vivir.

Mauricio J. Strugo ( boletin electrónico 6 Agosto 2007)