El luchador y su Ultima Batalla






El luchador y si ultima batalla: sus recuerdos
Cuando empieces a leer esto quizás para mí ya no tenga sentido seguir luchando, tal vez esto que voy a contarte parezca una historia de esas que solo aparecen en los libros.
Me considero un luchador, porque viví diferentes batallas, y seguramente entenderás todo esto cuando puedas no solo leerme y escucharme, sino sentirme, dándote cuenta el porque soy un luchador, pero todos los somos de alguna manera ¿O no?
Seguramente habrá gente que al empezar a leer esto no se anime a sentirme, habrá otros que dirán que todas son patrañas. A estos últimos los invito a que vean mi numero de documento, que no es un simple papel, sino que lo llevo conmigo siempre, en mi propio cuerpo, como una marca imborrable que no son solo números sino que invocan cosas que no se si quiero recordar, aunque a veces, cuando cieno mis ojos, oigo gritos y un idioma que intento olvidar.
En estos momentos para muchos soy solo un estorbo, otro me tienen lastima y algunos me miran raro.
Soy jubilado, vivo en la Argentina y ya todos saben que es ser jubilado por estos pagos. A este país llegué cuando tenía 15 años, vivo con $150 de jubilación y algo de plata que me manda mi hijo de vez en cuando.
Mí castellano parece gracioso, hay gente que me pregunta porque hablo así y yo solo les contesto que hace mucho tiempo vivía lejos de aquí y que de muy joven me vine a la Argentina y todavía, me es inevitable confundirme en castellano.
Hasta los 15 años tuve el mismo nombre, era Jacob Yalom, Cuando vine a la Argentina me lo cambiaron por el de Jacobo y al poco tiempo todo el mundo me llamaba Juan, decían que era más fácil y más corto.
Voy a contarles un poco de mi pasado, de mi vida, solo será ese poco y no más, porque todo esto me hace muy mal. Nací en El seno de una familia judía de Viena en 1930, ya en esa época hubo gente que se dio cuenta de que algo extraño estaba sucediendo y se precipité a dejar todo, marchándose hacia otros rumbos, mi familia no quiso pensar en esta posibilidad, estaba muy integrada a la sociedad vienesa, a la cual les recuerdo todavía hoy se la conoce como la cuna de la cultura, ellos y por su puesto yo, participábamos del judaísmo en ocasiones muy especiales. Pero tres años después de mi nacimiento cuentan que todo cambio, la sociedad se volvió loca, poco a poco mi padre perdió todo lo que tenía, éramos 6 hermanos, mi madre y mi padre y estábamos acostumbrados a viajar constantemente, pero de pronto solo podíamos viajar hasta un alambrado que pusieron a 3 cuadras de nuestra casa, yo era un niño y en esa época solo me dedicaba a jugar con mis vecinos, pero recuerdo que un día pregunte a mi madre algo que me llamó la atención, quería saber que era aquella estrella amarilla que toda la gente del barrio llevaba en sus ropas, mi madre me miró fijamente y solo derramo una lágrima corno respuesta. Unos años después recuerdo que en un tren mis padres me dejaron una foto de la familia, me dieron un fuerte abrazo y se bajaron, quizás sin imaginar que pasaba, fue la última vez que los vi. Hoy tengo muy pocos recuerdos de mi familia, junto a mi cama conservo la foto de ellos y la observo de vez en cuando por las noches antes de dormir.
Recuerdos se me vienen a la mente por mas que los intento ahuyentar, justamente sigo recordando que fui llevado a un lugar donde había mucha gente, la mayoría de ellos eran jóvenes y me llamó mucho la atención que en ese lugar hubiese pocas mujeres y ancianos.
Enseguida me pusieron a trabajar en una fábrica en la cual, creo, hacíamos municiones para la guerra que parecía asomarse.
Todos los días temprano formábamos filas y separaban a los más débiles, los hacían subir a trenes, algunas veces recuerdo haber pensado el porque yo no podía subir a ese tren que quizás me llevaría a donde estaban mis padres.
Así pase mis días en aquel lugar frío no solo de clima sino de afecto, todos los días parecían noches, semanas infinitas, trabajábamos tal vez para sobrevivir, no pensábamos para no suicidamos. Hasta que una mañana vi a menos personas que de costumbre, ni siquiera estaban aquellos señores que nos confundían con animalillos, de lejos podía escucharse estruendos y gritos. El portón de aquel lugar estaba abierto, pero nadie se atrevía a atravesarlo, todos teníamos miedo a la libertad
No recuerdo corno, ni cuando exactamente pero aparecí en un barco lleno de gente, otra vez niños, adolescentes, todo tipo de gente en un solo griterío, que hoy seguramente me irritarían, pero que en aquel momento agradecí a Di-s, el poder escucharlos. Cuando pregunte a una señora donde íbamos me respondió a América, nos salvamos exclamé
Hoy podría seguir relatando todo sobre aquellos días, pero no lo voy a hacer, no por falta de memoria, sino porque muchos se dedicaron a contar sus historias acerca de aquellos días, y yo no me siento diferente ni tengo miedo de hacerlo aunque me resulte muy difícil.
Es que me queda poco tiempo, ya estoy viejo para seguir luchando, y además a veces veo que muchas cosas del pasado siguen pasando hoy.
Poco entiendo del presente, pero pude animarme a revolver mi pasado porque tengo mucho miedo y no es paranoia, tengo miedo a la humanidad.
Como dije una y mil veces en este relato, soy un luchador pero mis armaduras ya están herrumbradas, estoy acostumbrado a las batallas pero hoy quiero que ustedes me acompañen en esta.
En el año 2000 veo al mundo como en 1939, hubo muchos cambios tecnológicos que favorecieron la comunicación, hoy se habla de un fenómeno mundial, lo llaman "Globalización”, entiendo que es posible saber que pasa del otro lado del mundo en el mismo instante, pero no logro ver tal unión mundial.
Muchos me dirán que el mundo esta mejor, que las cosas son totalmente diferentes a esa época que relato. A mí solo me basta prender la televisión 15 minutos para comprobar mi hipótesis. Cada vez, proliferan mas religiones y sectas dogmáticas, que perdiendo la esencia básica, se encargan de insuflar resentimiento contra todo lo que pueda destruirlas.
Como podernos pensar que en este mundo superamos todas las expectativas, si ni siquiera superamos lo más antiguo que es entendernos entre los seres humanos.
No pretendamos sentirnos los elegidos de Di_s, para representar la razón en el mundo animal, cuando hablamos mas sobre tecnología que del amor. Que educación queremos dar a nuestros hijos, si no educamos con el ejemplo ¿No nos importa como va a quedar el mundo cuando sean ellos los que tengan que educar?
¿Queremos seguir creyendo que siempre tenemos razón? ¿Podemos perder una hora de nuestras tan ocupadas vidas y dedicarnos a hablar con los niños o con los mayores? ¿Qué necesitamos para darnos cuenta?
No soy especialista en nada, en mi vida no tuve tiempo, ni ganas de ponerme a estudiar, pero siempre observé y quiero contarles lo que veo, a esta altura ya me estarán acusando de ser un cascarrabias o un viejo quejoso pero ténganme un poquito de paciencia les aseguro que ya termino.
¿No creen ustedes que hoy también puede repetirse el holocausto? Es verdad que existen muchas entidades para impedirlo, pero acaso cada uno de nosotros, de alguna u otra manera no sentimos diferencias con respecto a otras personas. No dejamos de ir a lugares específicos por el ambiente: no hacemos de vez en cuando comentarios acompañados de adjetivos calificativos, hoy el odio y la diferencia no solo viven en Europa, no podemos, entonces, ser tan incrédulos y pensar que vivimos en un mundo mágico. Recuerdo que el otro día miraba la televisión y había una propaganda que decía: ‘La bestia no murió, esta mutando’ y saben que- a la vuelta de casa suelo ver jóvenes vestidos de cuero negro y las cabezas rapadas, que me hacen acordar mucho a aquellos señores de mi pasado, es mas a veces cuando paso por ahí, tengo miedo de que me den alguna orden y no poder resistirme a cumplirla, fueron años de obediencia sin ninguna objeción.
Siento el deber de hacer comprender lo que veo y lo que vi alguna vez- soy un luchador y quiero que ustedes también lo sean.
Pretendo que nos demos cuenta que todo depende de cada uno de nosotros, y que podemos ser luchadores o quedamos sentados esperando perder la batalla. Mi mensaje no es El Mensaje. Sino uno mas de aquellos que estamos acostumbrados a escuchar.
Yo simplemente quiero un mundo mejor, ya no sé si para mi, sino para mis nietos y los nietos de todos los abuelos. Deseo que comprendan, que el destino del mundo no depende solo de aquellos que gobiernan, sino que todos somos protagonistas de la historia.
Quizás antes de terminar de escribir, me quedé algo por confesar de mi propia historia, perdón si los molesto. Es algo que necesito terminar de decir, y es que tuve la oportunidad de contar todo lo que me paso a mis hijos, nietos. Conocidos y no lo hice, me acuerdo de todo como si hubiese ocurrido hace un rato, tal vez mi testimonio, como el de tantos otros, hubiese servido para construir un futuro mejor. Para uno, tres o todas las personas.
Pero no fui, ni soy un luchador porque enfrente a mis enemigos, Luché todo este tiempo contra el peor de los males “ el Miedo a Ser Uno Mismo”.
En este momento me siento a mi mismo, me encuentro y me reconozco, soy Jacob Yalom, tengo mi pasado, lo estoy escribiendo en el presente para que haya un futuro.
Termino de escribir y suelto la lapicera, lentamente cierro los ojos. Mi pulso se empieza a apagar, mi corazón se aburre de latir y por fin dejo de tener miedo a esas imágenes que me persiguen, la paz se acerca y las últimas palabras que escucho son las de mi madre antes de que suba a ese tren:
"zai guezunt main kind” (que estés bien mi niño)

MAURICIO J. STRUGO

(boletin nº 3 mayo 2007)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sentí mucho dolor al leer esta historia, quizás estuve muy compenetrada, entre la lectura y la música se crea un clima excelente. Hasta me invadíeron escalofríos en algún momento del relato. Pude imaginarme a Jacob de pequeño... A veces uno cree que lucha, quizás sea cierto, pero no cabe dudas que hay personas que son verdaderas luchadoras, y más aún, sobrevivientes a la lucha (vale recordar que no todo luchador sobrevive)
No creo que Jacob tuviese sus armaduras herrumbradas, sentí que era Su momento: momento de despedida. Momento previo al encuentro, El encuentro. Y los buenos momentos son mejores si se anticipan relajados... para disfrutarlos, para "vivirlos". Además, un verdadero luchador conserva las armaduras siempre en buen estado porque Dios permanece siempre como compañero en el combate, está en nosotros permitír que nos acompañe, y eso parece haber hecho Jacob.

Es hermosa, casi poesía, la parte que dice "...dejo de tener miedo a esas imágenes que me persiguen..." imagino su miedo casi como si fuera mío... y me deja sensación de paz y liberación.
Hay muchísimo más para comentar pero me quedo con ésto.